Nunca he sido un gran adepto del cine de Paolo Sorrentino y su estilo barroco y sátiro. De hecho, mientras muchas personas admiraron La Gran Belleza, yo la vi como una versión inferior de La Dolce Vita (a pesar de que de la cinta de Sorrentino he de admitir que su poso melancólico sobre el paso del tiempo me gustó bastante, no es una mala película). Bueno, pues tras varios filmes y series de corte extravagante y barroco llega su película más calmada y, a su vez, más felliniana. Fue la mano de Dios es a Sorrentino lo que Amarcord a Fellini (con sus distancias). Fue la mano de Dios nos sitúa en la adolescencia de Fabietto (alter ego del autor) en plena década de los 80 en Nápoles. El contexto nos sitúa días previos a la llegada de Diego Armando Maradona a la ciudad de Nápoles, lo que desborda el entusiasmo de toda la ciudad. Allí, como otro de tantos en una familia estándar de clase media, Fabietto conocerá el sexo, el dolor y el cine. Estamos ante ...