Sellado su destino por las palabras, las fugaces palabras que se pierden en la niebla pero que habitan en el alma, Macbeth emprende su descendente sino. La historia del rey de Escocia es un clásico shakesperiano que narra como, tras la profecía de tres brujas, Macbeth llega a convertirse en regente mediante la traición y la sangre, todo fortalecido por su relación con Lady Macbeth. Numerosas adaptaciones cinematográficas se han realizado de la obra, siendo sus dos mejores, en mi humilde opinión, Macbeth de Orson Welles y Trono de Sangre de Akira Kurosawa. Con todo esto, Joel Coen, sin su hermano, ha presentado en 2021 su propia versión de la obra, The Tragedy of Macbeth, una cinta que se aleja de su espacio de confort y que es protagonizada por Denzel Washington y Frances McDormand.
Lo primero, por extraer ya este elemento, es que la película de Joel Coen adapta fidedignamente el texto de William Shakespeare. Lo importante aquí es cómo lo adapta. El único cambio evidente, más allá de lo meramente cinematográfico, es que el personaje de Lady Macbeth se establece, ligeramente, de forma menos mezquina que la original. Por lo demás, el texto es, prácticamente, el mismo.
Donde se halla lo realmente importante de la obra es en la dirección visual de la misma. Joel Coen decide crear un mundo onírico presidido por incompletos escenarios teatrales de inspiración expresionista (especialmente en El Gabinete del Doctor Caligari). Esto ayuda a crear una suspensión de la realidad de gran belleza estética donde el fantástico se introduce mediante la fotografía y teatralidad. Hay dos elementos que unen esta adaptación a anteriores: la teatralidad, escenarios incompletos y onirismo del Macbeth de Orson Welles y la niebla como vinculante a la obra de Kurosawa y, en especial, a su Trono de Sangre. Algo con lo que hay que premiar a Joel Coen es su visión de las tres brujas, la cual me parece, simplemente, la mejor que ha habido en el séptimo arte.
Si algo preside esta obra es su sobriedad, lo cual resulta extraño en el director. Este puede ser un elemento positivo o negativo dependiendo de la mirada. Hay representaciones de Macbeth sobrias como la de Welles y otras más barrocas como la de Polanski. Este carácter se relaciona directamente con las interpretaciones de los protagonistas y, aquí, es donde hallo un punto débil: mientras Frances McDormand realiza una gran labor como Lady Macbeth, Denzel Washington no me termina de convencer. Las palabras que brotan de su boca en los monólogos no terminan de aflorar y hallar su tono adecuado. Y no es una mala actuación, pero quizá, presidido por la sobriedad de la dirección, no se logra expresar todas las emociones que albergan las palabras. Por ejemplo, el monólogo "Tomorrow, and tomorrow, and tomorrow" expresado por Welles con el simple plano del cielo es capaz de expresar mucho más que el mismo monólogo en este filme.
Es interesante ver a un Joel Coen en solitario con una propuesta tan marcadamente diferenciada del resto de su obra anterior y, sin duda, a pesar de sus contras, esta versión de Macbeth entra dentro de las cinco mejores adaptaciones cinematográficas de la obra de Shakespeare. Antes de cerrar esta crítica quería citar un par de cosas, una de menor importancia y otra que atisbo de vital valor. La primera es que, por favor, evitéis ver el filme doblado, pues Luís Posada realizando los monólogos de Macbeth es peor que de costumbre y puede provocar alguna risa involuntaria (con todo el respeto al doblador, que seguro que es un tipo majo, pero no puedo con su voz). Lo segundo, y más importante, es que he observado un sinfín de comentarios y críticas racistas al filme por emplear actores afroestadounidenses como Denzel Washington con la excusa de que "no es históricamente pertinente". Ignorando que esté parcialmente basada en un personaje histórico, la obra de Shakespeare es claramente de índole fantástica, pues ni existen las brujas proféticas ni los bosques caminan. La ficción es ficción y, mientras los actores estén creíbles, su elección depende del director y sus pretensiones, las cuales se alejan, evidentemente, de toda clase de historicismo. Así que, se agradecería que se dejase de justificar el racismo con la pertinencia histórica, pues parece que solo importa cuando se agregan actores afrodescendientes y no cuando el cambio es a la inversa.
Daniel H. Hompanera
Dan ganas de verla! Buena crítica
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