Es una tarde calurosa de un nueve de septiembre mientras camino, errante, hacia el reabierto Cine Casablanca de Valladolid. A pesar de haber algo de movimiento por la calle, esta se encuentra en relativa quietud. Debido a mi temprana llegada al cine, decidí entrar en una taberna irlandesa cercana cuyo interior escarlata de barra elíptica se asemejaba más a un cruce entre bar estadounidense y café parisino. Es más, en los altavoces del lugar sonaba "L'accordéoniste" de Édith Piaf. Debido a que nadie apareció para atenderme (quizá solo era un espectro invisible que caminaba por el lugar) y se acercaba la hora de la proyección, 18:45, decidí irme a la puerta del cine. Allí, mientras transcurría el tiempo, aparecieron diversos personajes entre los que me quedo con el señor que, vanidosamente hablaba de su criterio cinematográfico, de las varias películas de Albert Serra que había visto y de otras tantas cosas a una pareja de jubilados. Se fue tras la primera hora de proyecci...