A pesar de la situación de alarma actual, este año, como cualquier otro durante las otras 64 ediciones que ha poseído el festival, se ha celebrado la 65 edición de la SEMINCI. El festival vallisoletano conocido por su propuesta de cine autoral e internacional abre las puertas otro año con su público habitual, pijos castellanos y ancianos con dinero que no vuelven a tocar una sala de cine con un proyección de "cine de auteur" el resto del año. De entre las películas de la Sección Oficial seleccioné cinco películas que visionar, siendo la que nos acontece hoy la que menor interés ejerció en mí de las seleccionadas (y eso que la sinopsis en castellano que había en internet hasta ayer era más interesante que la correcta).
87% realidad y 13% exageración (exacerbación y algún otro adjetivo para la demostración del conocimiento de adjetivos similares por parte del director de la película). Así inicia el filme, con una declaración de intenciones, pues el porcentaje es mucho más cercano al del título de esta crítica. Nos encontramos ante la ópera prima de Michael Maxxis, director de videoclips (se evidencia en la dirección de la película). Maxxis nos sitúa en la historia del joven con discapacidad Morgan, que contará su historia de amor, salvación y descubrimiento personal. Morgan vive con un hermano violento y trabaja para que su madre pueda gastar dinero en el juego. Tras una noche de sexo con una prostituta llamada Carla, personaje troncal de la película, Danny, hermano mayor del protagonista, le pide a Morgan llevarla de vuelta a la calle. Ahí es donde el solitario Morgan paga a Carla por el simple hecho de charlar. Esa es la sinopsis de la cinta, basada, supuestamente, en la vida del primo del director.
El recurso narrativo de la película se basa en una narración del pasado contada por el propio protagonista, lo cual podría ser una explicación a la exageración o, simplemente, la exageración es dada per se. Para que se tenga en cuenta, esta película es una heredera más de "dramedias" como Little Miss Sunshine, pero con más comedia que drama. Y este es el punto que genera dudas: es exagerada por el punto de vista o lo es por el hecho cómico. Sea uno o lo otro, la verdad es que hay bastantes gags en la película que se sienten un tanto rancios en pleno 2020 (o 2018, que fue el año de realización del filme) como el de la prostituta trans. Pero el peor tratamiento del filme se da con la violación, porque sí, hay violación, pero está muy mal tratada y finalizada con un gag.
En cuanto a la dirección, abunda el plano de corta duración, con cortes continuos que no dejan casi fluidez y respiración. Es, básicamente, el estilo de dirección de un videoclip que se ha alargado 2 horas. Porque hay que añadir a esto una fotografía muy colorida que responde más a un principio estético pero sin personalidad. En general es una dirección cumplidora y no sería de extrañar que Maxxis acabe trabajando en la realización de capítulos de series e incluso, con el tiempo, en blockbuster. Otro punto es la banda sonora, que peca de un gran efectismo. La música marca cuando debes llorar.
Por otro lado, las interpretaciones de los actores son correctas, destacando en especial Paz de la Huerta en su papel de Carla, la prostituta drogadicta de la que se enamora el protagonista (interpretado por Hopper Penn, hijo de Sean Penn, en el que es su primer rol importante). Como punto final, decir que la película es, por lo menos, entretenida. Es decir, se deja ver.
Daniel Hernández Hompanera


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