No tenía gran cosa que escribir. La universidad fagocita mi tiempo por completo y deja un ínfimo espacio para publicar en el blog. Pero, he visto que hace casi una semana se estrenó en España Druk, lo último de Thomas Vinterberg. Realmente vi la película hace tiempo y no en su estreno oficial en el país, pero lo que me lleva a escribir estas líneas es la tendencia a la crítica favorable que se lleva el filme (sí, se viene otra reseña negativa).
La película parte de una premisa realmente interesante: la ingesta controlada de alcohol como método de elevar las capacidades mentales. Un grupo de profesores de instituto, del típico instituto nórdico con profesores aburguesados, decide llevar a cabo ese experimento con la bebida. Si bien parece una premisa loca con juego a dar mucho, acaba teniendo un desarrollo realmente convencional que poco la diferencia de otras películas de sesión de instituto como La ola. Quizá la temática y la dirección la ponen por encima. El guión está bien, cumple su función, aunque su moraleja, ya que la cinta tiene un carácter moralizante, se queda en medias tintas. ¿Está bien beber? Sí, hace que mejores en el trabajo y en las relaciones sociales. ¿Está bien beber? No, te puede arruinar la vida, joder tu matrimonio y regresar a casa tras haber dormido con los gatos y el asfalto. Básicamente es: beber está bien, pero moderadamente.
El principal problema de Vinterberg es lo conservador de su cine y poco diferencial. Es un director que, una vez muerto el Dogma 95, ha caído en lo rancio y común de un señor nórdico con dinero. Se vio en la aclamada La Caza, cinta absolutamente sobreestimada de corte conservadora; Kursk, cinta histórica sin ningún tipo de impronta; Lejos del mundanal ruido, ni recordaba que era suya; La comuna, rancia, conservadora y efectista; etc. Vinterberg nació cuando se estrenó Festen y murió al año siguiente, puesto que tras ello no ha hecho nada. Ni siquiera el videoclip de Metallica es algo destacable. Es un nombre que gusta citar para darse de conocedor de cine de auteur europeo (en este caso danés), sin la labor de tener que ver películas de un verdadero autor. Incluso Lars von Trier en su provocación y mensaje reaccionario es más interesante que Vinterberg y se ha sabido labrar un estilo propio.
Ya para terminar este escrito destacaría que la película es entretenida. "Se deja ver", como diría el típico crítico que no le apetece escribir más sobre algo que tampoco aporta demasiado. Quizá, lo mejor, es la escena final del filme, la cual podría haber sido la tónica de la cinta, pero decidió que se proyectase en institutos de toda Europa.
Daniel Hernández Hompanera

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