Dune de Denis Villeneuve es un blockbuster que, en contraposición a la castración que sufrió la versión de Lynch o a cualquier blockbuster contemporáneo, navega en un ritmo de lenta cocción para asentar las bases de los personajes, especialmente de Paul Atreides.
Villeneuve ha sabido llevar, sin prácticamente ningún cambio, la narrativa de la archiconocida novela de Frank Herbert al cine optando por una división de esta en partes (sabia opción). El director no escatima en tiempo para mostrar los diversos tejemanejes de las familias, especialmente de los Atreides, pero también opta por suprimir ciertos elementos para mantener ciertos misterios de la trama (como quién es el traidor en la casa Atreides), aunque, obviamente, si se ha leído el libro o visto la versión de David Lynch ya se conocen. Además de ello, hay diversos cambios en los personajes en cuestiones de género o ciertos elementos del carácter, aunque lo más intrigante es la falta del villano Feyd-Rautha Harkonnen (personaje interpretado por Sting en la versión de 1984). La mayor problemática que soportará el filme será la recepción del público general debido a una narrativa que, cada vez, se acepta menos en superproducciones de esta envergadura, ya que se buscan los productos de consumo rápido y sencillo y Dune es arrolladora en su pausa.
El punto más álgido de esta nueva adaptación es, sin duda, su potencia visual, con una fotografía de carácter minimalista y geométrico que sigue la vertiente de la ciencia ficción contemporánea con ejemplos como Star Wars VIII o las obras anteriores del director Blade Runner 2049 y La llegada. Pero, mientras sus planos sci-fi, especialmente esos magníficos planos generales, tienen una gran potencia visual, la acción es blandengue y genérica, se pierde la crueldad en busca de llegar a una mayor audiencia y ello, junto a los efectos chispeantes de los nuevos escudos (que no son cúbicos), hacen que la acción se vea como en una película de superhéroes. El momento más decepcionante es ver como no nos dejan ver como Batista (que interpreta a Glossu Rabban Harkonnen) corta las cabezas de sus enemigos. Falta un poco de punk en el filme.
En cuanto al reparto, que es un auténtico compendio de estrellas, se puede decir que elaboran su trabajo de forma correcta aunque sin destacar especialmente. La actuación de Timothée Chalamet es buena, sin llegar a lo extraordinario. Quizá el más destacable es Oscar Isaac (Leto Atreides). La actriz que, aunque tenga poca presencia en pantalla, menos me convence es Zendaya, la cual siento que está más por ser la actriz de moda que por sus cualidades actorales, pero ya se observará mejor en la segunda parte.
En general, esta Dune es más correcta que la de Lynch (en lo bueno y en lo malo) y promete realizar una adaptación más completa del oscuro viaje de Paul Atreides, pero también es un blockbuster autoral que evita caer en efectismos baratos y que puede llegar a ser, a espera de la(s) secuela(s), un equivalente en la ciencia ficción al Señor de los Anillos de Peter Jackson.
Daniel H. Hompanera



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