Lo último que se supo de Leos Carax fue aquella película de 2012 llamada Holy Motors, una cinta cíclica en las que un actor da vida a numerosas vidas. En uno de los episodios del susodicho filme, hay una secuencia musical con la cantante Kylie Minogue en el que es, en mi humilde opinión, el mejor y más mágico momento de Holy Motors. Tras 9 años, Carax estrena Annette, un musical, noticia que me creó gran expectación en su momento. Ahora, tras haber visto Annette, he de decir que está lejos de la magia lograda en la canción "Who Were We" de Holy Motors.
Annette narra como la historia de amor entre el cómico Henry McHenry (Adam Driver) y la cantante de ópera Ann da un giro de 180º tras el nacimiento de su hija Annette, la cual, es una marioneta de madera. Con esta escueta sinopsis (que sirve para no desvelar acontecimientos del filme), procedo a detallar los diversos aspectos de la película.
El gran problema de Annette es que es irregular: por momentos es pura magia cinematográfica y en otros da vergüenza ajena, en algunos momentos es un magnífico musical y en otros es musicalmente insípida. Por ejemplo, tomando escenas del primer cuarto de película, la representación en la ópera de Ann con su paso por un bosque nocturno para, al final, acabar regresando al escenario, es simplemente preciosa. Ahora bien, el show de stand-up paródico de Bo Burnham (concretamente a Make Happy) crea cierto cringe. Por otro lado, mientras canciones como las últimas son pura magia musical, durante la mayor parte del metraje la música resulta en básicos "We love each other so much".
En cuanto al apartado visual y artístico, hay que admitir que es simplemente espectacular e indiscutiblemente bello. Añadido a ello, la película emplea el humor de una forma visual, lo cual refresca bastante el metraje y evita el efecto estúpido que tendría el filme si se toma excesivamente en serio (tomemos en cuenta que una pareja tiene una marioneta de madera, lo cual es una situación mínimamente extraña e hilarante).
Annette es claramente una película de inspiración surrealista y un claro estilo palpable, el cual infunde todo el metraje con el peligro de que se tome solo como eso, como un ejercicio de estilo (lo cual es, en parte). Pero Carax quiere narrar algo más, algo que se centra en la figura de Annette y de como los padres son, muchas veces, titiriteros de sus hijos.
Daniel H. Hompanera
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