Vale, empiezo a sufrir los estragos de lo que se llama tener varias películas, un especial de Doctor Who y otros proyectos a la vez, así que intentaré ser rápido porque tengo una proyección en poco tiempo. Ayer, en el pequeño Teatro Cervantes, visioné el filme pakistaní Joyland, ópera prima de Saim Sadiq que narra como Haider, hijo pequeño de una familia patriarcal y conservadora, acaba trabajando como bailarín en un teatro erótico y se enamora de Biba, una mujer trans.
A pesar de ser una ópera prima Saim Sadiq sabe dotar a su película de auténtica magia cinematográfica con un lenguaje visual minimalista y naturalista, pero también de gran estética. Los planos con los rincones nocturnos teñidos del agua sin filtrar de la lluvia y las luces doradas que contrastan fuertemente con las sombrar de los edificios y personas, los neones de las atracciones, el baile de Biba en el teatro... Todo rezuma un gran sentido estético que no busca impostar o encubrir la narrativa.
En ese aspecto, el narrativo, Joyland destaca por ser una crítica a un sistema heteropatriarcal que, a pesar de estar actualizado y diluido, sus imposiciones siguen siendo fuertemente estructurales en la sociedad pakistaní. Esto se observa en diversas narrativas: la historia de Haider como bailarín y su amor prohibido con Biba, la historia de su mujer Mumtaz al ver cómo queda relegada a ser una ama de casa y pierde su independencia como individuo y diversos trazos como el caso de la vecina Fayyaz. Por lo que todo ello funciona es por ver como todo se trata con naturalidad, sin impostar o ser exagerado, lo que hace que el drama llegue de verdad al alma. Quizá se le puede achacar ligeramente el haber abarcado demasiadas historias en una misma obra, ya que podría haber desarrollado más complejamente una de ellas. Aún así, es un gran filme.
Joyland, más allá de su poder cinematográfico, es una película de gran importancia dentro de un contexto poco favorable a tratar los temas sobre los que versa, lo cual hace que Sadiq sea un cineasta de gran valor.
Daniel H. Hompanera

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