Todo pasa tan rápido y tan despacio a la vez. Como una vorágine de tiempo que te absorbe mientras, a su vez, te borra como el mar a la tierra. Seguramente me encuentro en el proceso de desvariar por la cantidad de obras cinematográficas que estoy observando esta semana (hoy, mismamente, tengo dos largometrajes y un cortometraje). Bueno, ayer visité, por primera vez, la sala principal del Teatro Calderón de Valladolid, sin duda el más grande y bello de la ciudad. Allí visioné el cortometraje The Flying Sailor de las canadienses Wendy Tilby y Amanda Forbis y el largometraje Return to Dust del chino Li Ruijun, ambas obras conectadas por mostrar el paso de la vida, aunque cada una de forma distinta. The Flying Sailor se basa en el testimonio de un marinero que dijo volar 2 km en una explosión y vivió para contarlo. Más o menos como Carrero Blanco pero sin la parte de vivir. Sobre esta idea, las directoras hacen un viaje de ascenso y descenso donde se tocan temas como la ...