Tercer visionado de la SEMINCI. La última película de Mohammad Rasoulof fue la que se alzó con el Oso de oro en la Berlinale. El filme es un tratado sobre la pena de muerte en Irán dividido en cuatro historias que se retroalimentan. Rasoulof ha sufrido en Irán de la censura, llegando a ser detenido. En esta película, la crítica hacia el gobierno de su país natal no es menor, llamando a la desobediencia de las normas no morales.
Cuatro historias conforman el filme. Cuatro historias sobre cuatro personas que, en un momento dado, tuvieron que ser verdugos. La primera es la historia de Heshmat y su familia. Se observa aquí una familia normal, un padre cariñoso, una hija pequeña y un poco traviesa, una madre ocupada, una abuela atenta a la telenovela, etc. Escenas cotidianas llenan este primer "acto" como puede ser cenar pizza. No es hasta el final, sorpresivo e impactante, que, con un gran golpe de efecto, se nos mete de lleno en la temática de la cinta. La segunda es la historia de Pouya, un joven que esta ejerciendo la mili y es destinado a la cárcel (como verdugo). Durante el relato, tratará de evitar ser el verdugo de una persona, inocente o no. Y ello conecta con la tercera historia, la de Javad, un joven que se encuentra en servicio militar y que, en el cumpleaños de su novia, Nana, va a visitarla con la intención de proponerla matrimonio. Allí descubre que un amigo cercano de la familia acababa de ser ejecutado hace unos días. La historia final es la de Bahram y Tahmineh. Tahmineh es una estudiante de medicina en Europa que va a pasar unas vacaciones con su tío en Irán. La historia de Bahram conecta con la de Pouya, pues fue un objetor de conciencia que acabó viviendo, enfermo, en una tierra baldía y en ruinas. Allí querrá desvelar una verdad a Tahmineh.
Cada historia narra una idea en torno a la situación de la pena de muerte. En la primera es la normalización del hecho en la sociedad iraní. La segunda el precio a pagar por las ideas. La tercera pone en duda la culpabilidad del sentenciado, pues puede ser desde un asesino a un objetor de conciencia. La última, el precio ya pagado y como nuestras decisiones afectan a la vida de quienes nos rodean. Sin duda, de las cuatro historias destacaría la primera, por ser mucho más cruda, impactante y, dramáticamente más comedida. La final también es destacable por el cierre de historia y la belleza de las imágenes. Declararía que la segunda historia es la más floja de las cuatro.
El estilo de dirección es sobrio y pulcro. Se centra sobre todo en generar imágenes cercanas a la realidad que conectan mejor con el espectador. Durante las dos primeras historias, en un contexto principalmente urbano o interior, predominan los planos medio y primeros planos. En cambio, en las dos últimas historias, se dan bastantes planos generales que empequeñecen al personaje en el entorno natural. En cuanto al movimiento, predomina la cámara fija con algunos movimientos ocasionales. La fotografía reluce especialmente en las tres últimas historias. Desde los planos en la habitación de los jóvenes verdugos en la segunda historia, con una composición academicista (cercano a la pintura), hasta las colinas doradas en el último episodio, pasando por el verde y el barro de la tercera historia.
En cuanto a la música, la cinta permanece durante la mayor parte de su metraje en silencio. Sí que es cierto que, en el segundo episodio, se usa la música (especialmente percusión) para añadir un mayor dramatismo a la acción, pero no prevalece en la mayor parte del filme. Lo más curioso en este ámbito es el uso del himno antifascista "Bella Ciao". Aparece en dos historias muy concretas, las cuales tienen tal conexión que podrían ser pasado y presente, aunque no son los mismo personajes. Su primera aparición es al final del segundo episodio. Aquí aparece de manera alegre en la huida final del protagonista. Su segunda aparición es el la última, apareciendo interpretada por un piano solo. No me termina de convencer el uso de esta canción en gran parte del cine moderno, aunque se entienda el mensaje que quiere dar.
Y aquí va el punto crítico, el filme, aunque sólido en su mayoría, no destaca tampoco como una entidad creativa innovadora. El cine iraní se siente cada vez más como un reciclaje de lo mismo, de lo que ya hicieron otros en el pasado. Hay también cierto efectismo en el filme, no tan evidente como suele darse en el cine norteamericano, pero presente, en especial en ese segundo episodio. En ocasiones se excede en el melodrama e incluso se podría eliminar alguna historia del filme. Aún así es una película notable e interesante.
Daniel Hernández Hompanera


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