Hace dos semanas que llevo desaparecido del blog, pero los hechos personales, básicamente estudios, me han comido bastante tiempo durante este tiempo. Dicho esto, comienzo a presentar el filme del que voy a hablar a continuación, película que he visto hace apenas unas horas, Ondina. Para iniciar esta crítica, comentar el público de la sala. Rápidamente, he bajado la media de edad de la sala. Entre los comentarios anteriores al inicio del largometraje alemán escuché comentarios como: "es la tercera película que veo hoy en el cine, y me queda otra a las ocho de la tarde." Gran pasión la de los ancianos por el cine.
Centrándome un poco más en lo que es la cinta en sí. Ondina ha triunfado por diversos festivales en lo que llevamos de año, ganando el FIPRESCI y el premio a mejor actriz en la Berlinale o mejor dirección y montaje en el Festival de Sevilla. La película narra como Ondina, tras ser dejada por su pareja, conoce a un nuevo amor que la acercará a su verdadera naturaleza.
El autor de la cinta es Christian Petzold, director que ya conocía (conociendo obras anteriores como Transit), pero al que no había incursionado hasta el momento. Si he de definir el estilo de dirección de Petzold, contando solo con este filme, lo definiría como minimalista y depurado. Utiliza solo los planos necesarios para contarte una historia, aunque eso lleve a que, en ocasiones, la dirección se pueda hacer poco novedosa (por ejemplo, el uso del plano-contraplano). Donde brilla la dirección y la película alcanza su culmen lírico es en las escenas submarinas. También destacar los planos de la ventana del tren, que realmente portan fuerza y significado.
En cuanto a la narrativa, nos encontramos ante una historia simple a priori que alcanza su complejidad con el uso de metáforas. Es interesante el uso de la mitología escandinava para la creación de una historia de amor moderna con toques fantásticos. Ya desde un primer punto, esa frase al inicio de la cinta de Ondina: "si me dejas de amar, tendré que matarte". Esa frase, junto al obvio título, liga la historia de Ondina, la persona, con Ondina, la leyenda. Es una reinvención interesante de un mito. El mayor problema narrativo que le veo al filme es la elipsis final con el letrero "2 años después". Creo que este tipo de elipsis no suelen funcionar bien por genéricas y extrayentes de la acción del filme. Esto provoca que no disfrute tanto con el final, pues ya me siento fuera de la acción, como mero observador que no se tiene que implicar emocionalmente con lo que ve.
El uso de la música es curioso. Lo primero, la música no abusa, no invade, lo cual es algo positivo, porque su uso es limitado a diversas escenas y se pretende potenciar con la música lo que narra la imagen. Solo se usa una pieza musical (excluyendo la canción "Stayin' Alive" que se usa de forma diegética), el "Concerto en Re menor BWV 974" de J. S. Bach. Lo interesante de su uso es la forma abrupta en la que se rompe la música no diegética. La ruptura crea un choque emocional al espectador que lo devuelve a la realidad, la realidad de la película. Por último, nombrar el trabajo de los actores, la fotografía y la mezcla de sonido. Una buena e interesante película.
Daniel Hernández Hompanera


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