Beginning es una ópera prima de una directora georgiana llamada Dea Kulumbegashvili. Cinta ganadora de numerosos premios como mejor película, guión, dirección y actriz en San Sebastián o el FIPRESCI en Toronto. Por ello ya parecería que es un gran logro para una cinta de tan extraña región en el mundo del cine y, sobre todo, para una mujer. Realmente no es así porque tiene un gran motor detrás, incluido Carlos Reygadas (del que se nota su influencia) en la producción. Dicho esto, paso a enfocarme en el filme en cuestión.
La cinta parte con un atentado sufrido por un grupo de Testigos de Jehová en plena reunión en la que se habla del mítico capítulo del sacrificio de Isaac. La historia se centra en la mujer del patriarca religioso y su declive en su mundo personal. Realmente el filme, más que una parábola espiritual es un relato que contrapone la sociedad conservadora con el feminismo. Entre los puntos destacables de la obra se encuentra su composición fotográfica, de estilo depurado y limpio. El uso del sonido en algunas escenas es también reseñable. Dicho esto, me voy a centrar en los aspectos más problemáticos de la película.
El mayor problema de este filme parte de un punto de vista ético. La violencia se muestra sin ningún tipo de empatía hacia los propios personajes y hacia el espectador de forma indirecta, pero, además de ello, se presenta de una forma completamente embellecida. En la película hay una escena de violación que me resulta una de las más repulsivas que se han filmado en el cine. De hecho, me recuerda bastante a la escena de Irreversible, pero, la diferencia radica en que Gaspar Noé posee la intencionalidad de molestar y Kulumbegashvili, supuestamente, no. Antes he citado el uso del sonido. Bueno, aquí, como punto positivo, decir que en la misma fatídica escena se emplea el "ruido" de forma dramática e inteligente. Añadido a esta escena, se encuentran los múltiples planos que enfocan los rostros apáticos de personas que son atacadas de forma violenta verbal o físicamente. Eso, en ocasiones, lo llega a acercar más a un anuncio antidrogas que a una obra cinematográfica. Esta muestra de violencia que es, además, embellecida, no se observa en el cine de directores que han mostrado violencia cruda como puede ser Haneke.
Otro de los grandes problemas del filme es el uso del plano largo. Su uso provoca dos cosas: parecer más profunda de lo que realmente es, puesto que, para dar imagen de auteur debes tener planos largos. Esto hace que parte de la crítica crea que es especial cuando realmente parece una formula de cine de festival. El otro, y que se implica más en lo que es la obra en sí, hacer que muchos planos pasen a convertirse en algo bizarro y violento. Cuando un plano de larga extensión no tiene nada que contar se hace violento, pesado o extraño. El plano largo bien utilizado es capaz de congelar un instante de tiempo, convertir, pongamos 2 minutos, en algo de mayor importancia que una 1 hora sucedida en el plano temporal del filme propio. Es decir, mientras la elipsis suprime un lapso de tiempo, el plano largo lo congela. Pero, el uso violento también puede ser útil, si así lo pide la narrativa. El mayor ejemplo que se me ocurre de un plano de larga duración violento es el de Funny Games mostrando esa pared teñida de sangre. Ese plano de larga duración es terriblemente violento, pero abstrae al espectador para que plantee lo observado. ¿Cuál es el problema con Beginning? Pues que prácticamente hay planos largos por cada plano de película, convirtiendo escenas como la de los niños leyendo las lecciones religiosas en algo bizarro. Y, es que el vacío observado durante largo rato se hace violento.
Por último, hablar sobre la historia. Esta se convierte en una simple y vacía metáfora que se alimenta de la muestra del mal como único suscitador a la existencia del filme. Contiene dos finales, el primero, de completa muestra efectista que busca, desesperadamente, una conexión con el inicio del largometraje de forma bastante convencional y poco efectiva. Hay un segundo final que, finalmente, con el último plano, redime a la película y le devuelve un poco de humanidad.
Daniel Hernández Hompanera


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