Un viaje interno, un viaje externo, un viaje a través de lugares que se mecen levemente en el tiempo y el espacio, como una hoja otoñal que muere lentamente en el viento. Así es, en breves palabras, la ópera de cámara L.I.T.A.N.I.E.S de Nicholas Lens. Doce letanías escritas por Nick Cave conforman la segunda colaboración del dúo.
A través de sus doce letanías, Lens lleva la música por terrenos minimalistas e incluso de trance (no en el sentido del techno). Doce piezas que, con su minimalismo, se hallan en un limbo etéreo con motivos melódicos y armónicos que se suspenden en el aire. La instrumentación, al ser de cámara, es reducida. El piano, vientos-madera (flauta, clarinete, clarinete bajo, saxofón y fagot), percusión y cuerdas conforman el mundo instrumental de la obra. En la parte vocal se encuentran cuatro voces: la principal femenina y diversas voces masculinas que se unen en diversos momentos de la obra. La voz femenina se caracteriza por el empleo de una técnica vocal mucho más ligada a la música popular urbana, además de por cierta "rotura" en la voz. Esta se mueve suavemente en un tono entre triste y aislado. Musicalmente se caracteriza por, como dije antes, su minimalismo. Otro de los elementos más interesantes es el uso del silencio como elemento expresivo de forma continuada en la obra. Es también una obra trance con influencia clara de la música oriental, notable en los vientos. Es música para el espíritu. Por último, el aspecto de la influencia de la música popular urbana también es notorio en canciones como "Litany of Gathering Up".
El "libreto" de Nick Cave es otro de los elementos que hacen de esta obra algo único. Más que ser una historia con actos, las letanías del cantautor nos llevan por diversos aspectos del ser humano y del universo con bellos versos minimalistas y sugerentes. Son letanías, llamadas, que prácticamente llaman al espectador. De hecho, la idea de la obra nace de la visita de Lens a los templos budistas Rinzai, lo que acerca más a esa mística humana que poseen música y letra.
Los ecos lejanos del viento que suena entre entre los árboles, el tintineo de la lluvia, cascabeles y gongs que se pierden en un estado de trance personal y universal. Una obra que es tan bella como observar como las hojas, lentamente, caen al suelo. Como el agua discurre entre las piedras de una ladera. Como el viento mece el mundo.
Daniel Hernández Hompanera


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