¿Qué debe hacer el provocador cuando sus herramientas han quedado completamente oxidadas? ¿Debe encontrar algo que lo renueve o debe quitar el oxido con profundidad artística? Lux Æterna es un ejemplo más del cine de Gaspar Noé, director que ha dedicado su carrera cinematográfica a la provocación y que ha terminado como un esquema cristalino que se repite continuamente y solo sorprende a neófitos.
Lux Æterna nace como un anuncio para la marca Saint Laurent, camino por el cual se le puede dar un crédito al director francés, pues se aleja de lo que tomamos como publicidad al uso. El mediometraje se ubica dentro de un set de rodaje donde se está realizando un filme de brujas con su consecuente quema. Esto sirve como excusa para precipitar al caos, exagerado (como suele ocurrir en el cine de Noé), dentro de un set de rodaje donde la quema de brujas se refleja como metáfora del sufrimiento de la mujer en la industria del arte. Narrativamente funciona como cualquier película del francés: un contexto, se desata el caos y luces de discoteca. Un paralelismo con su obra más reciente, Clímax: ambos filmes inician con una presentación de personajes y tras ello un detonante del caos (droga en Clímax y la aparición masculina en este caso). Este caos unido al juego de luces epiléptico y el sonido, además de lo explícito y exagerado, pretenden incomodar al espectador. Ya está, tienes una película de Gaspar Noé. Solo asegúrate de que en el aspecto visual seas tan poco interesante de usar siempre colores duros dentro de esta lista: amarillo, verde y los colores de la bandera francesa, especialmente el rojo. Mucho rojo. Si tu película no se ve como si estuvieses dentro de un antro no vale.
La película pretende ser un alegato feminista sobre el sufrimiento y el trato de la mujer en la industria cinematográfica, pero contiene problemática de discurso que lo acaban convirtiendo en una broma reaccionaria. Gaspar Noé emplea el simbolismo cristiano para realizar la cinta desde la cita hasta el montaje y la fragmentación de imagen. Hace uso de la cita constante a otros cineastas (concretamente Carl Theodor Dreyer, Jean-Luc Godard y Rainer Werner Fassbinder) algo que siempre realiza y que en muchas ocasiones me recuerda a Murakami, salvando distancias, con la cita intelectual que pretende otorgar mayor profundidad a la obra ante los ojos de los demás, meros espectadores. Y si bien es un recurso típicamente vacío del director, aquí acaba aportando para el discurso reaccionario del final. Un punto que se le puede otorgar es el uso de luces parpadeantes y sonido agudo en los últimos 10 minutos que pretender trasladar la sensación incómoda al espectador, aunque al final es algo esperable y previsible debido a que nos ha acostumbrado a ello (esa es una gran diferencia al empleo de las luces parpadeantes que hizo Kubrick). El final deja claro algo, el director no se ve a sí mismo como uno más de los perpetuadores de dicho daño hacia la mujer dentro del cine, si no como un mártir que se sacrifica para llevar a cabo dicho mensaje, por lo cual la película acaba siendo una carcasa vacía de contenido.
Daniel Hernández Hompanera


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