Existen acontecimientos cinematográficos que son capaces de traspasar las aguas del tiempo y establecerse como monolitos de una cultura, la humana. Como sugerencia de mi amiga Lorena, decidí ver el filme The VelociPastor, escrito y dirigido por el estadounidense Brendan Steere. El cineasta narra con gran maestría la historia de dolor, venganza y expiación de Doug Jones, un cura católico con la maldición, y a la vez virtud, de convertirse en un ser de un pasado remoto, un velociraptor.

La historia inicia con el padre dando la Santa Misa, lo que ya liga esta película a la lista de grandes filmes sobre la espiritualidad como Ordet de Carl Theodor Dreyer. Tras concluir el sermón, sale a tomar la luz de un nuevo y bello día para hallar, en frente, a sus queridos padres. Pero, con un gran despliegue de recursos técnicos dignos de una obra de tal proporción, el coche de los progenitores explota. Similar a El Padrino, el protagonista deberá afrontar la pérdida familiar y emprender el camino de la venganza y la justicia, aunque eso se da posteriormente. Antes, realiza un viaje al interior de China para descubrirse a sí mismo y a su fe. Allí, de manos de una moribunda, obtiene un amuleto que le hiere y comienza su proceso de transformación al VelociPastor. Sin duda el viaje como búsqueda espiritual es una obvia reminiscencia al cine de Andréi Tarkovsky, especialmente a Stalker y Nostalghia.

De regreso a la civilización se emplea una escena que tiene dos utilidades: presentar a la co-protagonista (Carol) y mostrar la hipocresía de la Iglesia de forma burlesca, algo realmente
buñueliano (a veces la RAE mete las palabras necesarias en el diccionario). Esa misma noche un deseo de carne, algo que juega en el doble sentido de lo erótico (como Cronenberg, realiza análogos de lo sexual, en este caso con el dinosaurio), le hace convertirse en el velociraptor y atacar a un ladrón que acosaba a la joven Carol, lo que salva la vida de la mujer. El director decide mostrar a su cura alejado del mundo la realidad de las clases bajas de la sociedad con la vida de Carol, una joven estudiante de abogacía médica que debe prostituirse para pagar la universidad. Esto acerca el filme a las corrientes de cine social como Ken Loach. El acto central del largometraje se centrará en el camino de justicia de los protagonistas junto a su unión amorosa y el abandono a los votos de castidad junto a la trama subyaciente de la oscura y religiosa secta de ninjas que quieren acabar con el VelociPastor. La batalla final muestra coreografías de acción de excelsa belleza a la par que crudeza que traen lo mejor del Wuxia y del cine coreano como
Oldboy.
Ahora en serio, The VelociPastor no es, obviamente, una de las grandes obras maestras del séptimo arte, pero tampoco es El ataque del tiburón de seis cabezas o The Room. Realmente, lo observado, es una parodia y sátira de ese cine cutre, malo y barato de televisión, tomando varios elementos de dichas cintas y llevándolos al ridículo (el monstruo, la violencia, los ninjas, los plot twist estúpidos, etc) con un gran toque de humor. Esto se aprecia desde el inicio de la película con el plano de la "explosión" del coche. Realmente es una cinta divertida con un gran corazón, algo que la pone por encima de la mayoría de las superproducciones estadounidenses. Como punto más flojo (dentro de que todo sea un chiste de 70 minutos) es que en el último cuarto de película pierde algo de ritmo. Concluyo esta crítica con una de las citas del filme: "She's fine"
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| Plano que muestra el coche ardiendo tras la explosión. |
Daniel H. Hompanera
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