Tras un lapso de dos horas que me sirvió para escribir la reseña del anterior filme, The Card Counter, comer tallarines y tomar un café, me reuní con mi amigo Juan para observar esta nueva pieza de cine iraní labrada por el célebre Asghar Farhadi (Nader y Simin, una separación). Pegados al pasillo, otra vez en el centro de la gran sala del Teatro Carrión, contemplamos como las luces se apagaban a la par que los logos de las diversas distribuidoras y distribuidoras aparecían. Así comenzó A Hero.
El filme se centra en la figura de Rahim, un hombre que se encuentra en la cárcel por una deuda que no pudo pagar. En un permiso de dos días, intenta convencer a su acreedor de que retire la demanda pagándole una parte de la deuda gracias a unas monedas de oro que encontró su novia en un bolso. Finalmente, Rahim decide que no es honesto vender dichas monedas y devuelve el bolso, lo que inicia una cadena de problemas para el protagonista, algo típico en el cine del autor iraní.
Si en una cosa destaca la película es por su dirección y por cómo saber emplear la cámara con planos y movimientos repletos de pequeños detalles que enriquecen la obra, pero guardando ese equilibrio entre la naturalidad y lo cinematográfico. Esto es algo esperable de alguien curtido en el séptimo arte y que, además, siempre ha apostado por una sola corriente, la del cine social.
El mayor problema de este filme es que, a pesar de su aspecto de gran y profunda obra sobre la verdad y la bondad en contraposición a lo social, se le aprecian las costuras, especialmente las relativas a la manipulación emocional que, aunque ya está ligeramente impresa en otras obras del autor, aquí envuelve toda la cinta por ser claramente apreciable. Como película, A Hero no quiere debatir sus emociones con el espectador, las muestra y no te deja espacio para la reflexión sentimental y poética. Y, quizá, es mi culpa pedirle a un ser tan matemático y cerebral como lo es Farhadi algo que no sean emociones impostadas en pos de mostrar algo deseado, pero creo que el cine, como arte, debe recorrer el espacio de la ambigüedad. Además de todo ello, el guion no es tan sólido como lo puede ser en Nader y Simin, una separación, lo que crea incredulidad ante los giros y el avance dramático.
En cuanto a otros aspectos, la música posee momentos acertados (como el uso irónico en la escena de la recolecta) y otros que me crispan como la pieza final, la cual resulta terriblemente efectista. Por otro lado, he de decir que si la película funciona se debe, en gran parte, a la sólida actuación de Amir Jadidi. Como conclusión, A Hero es capaz de transportar sus ideas sobre la situación de la verdad (tema tópico del autor) y la bondad en una sociedad corrupta, pero flaquea en su construcción y en la expresión de emociones genuinas.
Daniel H. Hompanera
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