Mamoru Hosoda es uno de esos directores de anime que siempre logran tener, por lo menos, una propuesta interesante y que se separa de la corriente de genéricos shonen y cosas peores repletas de "lolis" con propuestas que, aún abordando siempre por la fantasía, logran ser muy humanas en su adentramiento de conceptos y personajes a partir de una idea básica que se desenvuelve en temas más profundos. Suya es la magnífica Wolf Children. Este año ha traído su propuesta más grandiosa en términos técnicos, Belle. Este isekai narra la historia de Suzu, una joven de 17 años huérfana por parte materna que consigue volver a cantar a partir de su avatar en el mundo de "U" (a Mark Zuckerberg le ha gustado la peli), Belle, lo que hace que su personaje sea famoso. En dicho mundo conoce al "Dragón" o la "Bestia", que es una persona misteriosa que está en busca por las fuerzas de seguridad del lugar.
Aquí hay dos elementos que inspiran la narración y que son evidentes: por un lado está el cuento de La Bella y la Bestia, lo cual es realmente evidente, y por el otro ese mundo cibernético. Pero, además de ello, creo que hay una tercera inspiración a tomar en cuenta en esta historia: el videojuego GRIS. En dicho juego, la protagonista sufre el trauma de la pérdida materna y por ello pierde la voz, además del color, lo cual es muy similar en Belle, pues Suzu, tras perder a su madre, deja de cantar y la paleta de colores de su realidad es gris (a diferencia del mundo de "U").
Lo que sí es innegable es que estamos ante una delicia audiovisual de la animación en cuanto a cuestiones técnicas. La animación, que mezcla 2D y 3D, es realmente impresionante y preciosa, especialmente en ese mundo de "U". Pero también las canciones y el sonido del filme son, sin duda, increíbles. Y, es este apartado, lo que hace brillar a Belle.
Mamoru Hosoda crea aquí una película que trata sobre como lidiamos con los traumas a través de máscaras y de como Internet y las redes sociales se conforman como un espacio de confrontación regulado por empresas en lugar de un nexo de unión entre personas lejanas. El problema de Belle es que su autor se va por lo básico y por lo fácil, lacrimógeno y, ciertamente, efectista. No existe tanta profundidad como en otras obras del autor (por ejemplo, la ya citada Wolf Children), lo que la deja un tanto a expensas de ser una gran obra en los apartados técnicos, pero no en su profundidad. Es quizá una de las obras más adolescentes de Hosoda, lo cual a estas alturas no es lo esperable. Su mensaje, además, no termina de ser realmente profundo.
A pesar de todos sus problemas y de ser una obra menor de Hosoda en cuanto a profundidad narrativa y temática, Belle es sin duda un visionado que merece la pena ver y que, realmente, pertenece a la gran pantalla de un cine, donde ese magnífico y bello mundo audiovisual del filme atrapará a sus espectadores. Ojalá la hubiese visto en el cine, pero esa es una historia que ya no ocurrirá.
Daniel H. Hompanera
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