Deslumbrantes círculos blancos parpadeantes, el calor de las bombillas y los gruñidos del gentío como leitmotiv de una vida. Andrew Dominik regresa a la ficción cinematográfica por primera vez en 10 años desde su neo-noir Killing Me Softly para adaptar la novela Blonde de Joyce Carol Oates, la cual narra la vida de Marilyn Monroe de forma ficticia.
Blonde es una pesadilla conformada por fotografías y trazos de una vida atormentada que acaba pronto y mal, una obra asfixiante de tres horas que ocupa, prácticamente, todo el espacio temporal de la vida de su protagonista y, si bien en un inicio es lo atrayente del filme, al final acaba por apuntalar al filme en un discurso mal transmitido y degradante. Marilyn Monroe acaba por ser una muñeca que sufre constantes vejaciones, abusos, violaciones, abortos, insultos y golpes durante 3 horas sin apenas haber momentos de luz propia (pues, además, cuando estos ocurren suelen ser en torno a otros hombres). Esto hace que el discurso de ensalzamiento a su figura quede enterrado bajo la victimización de la misma. Una comparación cercana sobre la representación de la vida de un personaje famoso de forma pesadillesca está en Spencer (2021). Lo que hace que dicha película funcione es que se centra en un episodio concreto de la vida de Diana de Gales y acaba con un momento de luz. Al transponer el sufrimiento a la extensión de una vida, se hunde al personaje.
Ahora bien, en cuanto a lo cinematográfico es otro cantar, puesto que Andrew Dominik sabe crear imágenes realmente hipnóticas y únicas empleando diversos formatos de imagen, distorsiones y desenfoques. El montaje también es realmente bueno en su combinación de formatos y de color con blanco y negro de una forma que logra darle una conexión íntegra al filme. Hay también ciertas referencias cinematográficas, más allá de las obvias que pertenecen a la obra de Marilyn Monroe, como Perfect Blue en la escena del espejo que encabeza esta crítica. En cuanto a la banda sonora, compuesta por Nick Cave y Warren Ellis, parece extraída del maravilloso álbum Ghosteen de Nick Cave & The Bad Seeds (más allá de la aparición de la canción "Bright Horses" de dicho álbum).
Pero hay que hacer un punto y a parte para una persona en particular en esta película: Ana de Armas. La actuación de la cubana-española es magistral y cimienta gran parte de Blonde. Ella se hace una con el personaje, pero, más allá de ello, logra hacer algo fuera del propio guion, dar humanidad a Marilyn en sus silencios contenidos para que no sea simplemente una muñeca de trapo mecida por la tempestad.
En conclusión, Blonde es una película de una factura magnífica y con una gran protagonista, pero que pierde su mensaje en pos de su trato a su personaje, que acaba buscando un primer impacto que se disipa según pasan las horas. Y sé que esta no es la historia de Marilyn, sino la adaptación de un libro, pero cualquier ficción que degrade continuamente a su protagonista es culpable de efectismo y de poco amor hacia sus personajes.
Daniel H. Hompanera

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