Es una tarde calurosa de un nueve de septiembre mientras camino, errante, hacia el reabierto Cine Casablanca de Valladolid. A pesar de haber algo de movimiento por la calle, esta se encuentra en relativa quietud. Debido a mi temprana llegada al cine, decidí entrar en una taberna irlandesa cercana cuyo interior escarlata de barra elíptica se asemejaba más a un cruce entre bar estadounidense y café parisino. Es más, en los altavoces del lugar sonaba "L'accordéoniste" de Édith Piaf. Debido a que nadie apareció para atenderme (quizá solo era un espectro invisible que caminaba por el lugar) y se acercaba la hora de la proyección, 18:45, decidí irme a la puerta del cine. Allí, mientras transcurría el tiempo, aparecieron diversos personajes entre los que me quedo con el señor que, vanidosamente hablaba de su criterio cinematográfico, de las varias películas de Albert Serra que había visto y de otras tantas cosas a una pareja de jubilados. Se fue tras la primera hora de proyección.
Llegó la hora y entré a la vieja sala número 3 del Cine Casablanca, una estancia congelada en el tiempo con sus asientos verde pistacho, su proyector a la espalda del espectador y una cierta calidez que se aprecia más en invierno. Las luces se apagaron y, en pleno silencio, comenzó la proyección de Pacifiction, la última obra de Albert Serra, el director catalán conocido por su estilo único en el mundo del cine y por su personalidad irreverente fuera de él. Este filme marca una nueva etapa en el cine de Serra al desmarcarse de esa representación de la antigua Francia con sus monarcas para trasladarse a Tahití, Polinesia Francesa. Pacifiction narra, de manera predominantemente visual y cinematográfica, como el rumor de la reanudación de los ensayos nucleares franceses en la isla afecta a la posición de De Roller, Alto Comisario de la República.
Pacifiction es un filme con un estilo y narrativa propios, que huye de los convencionalismos y que logra ser una gran obra hipnotizante, misteriosa, contemplativa y, en definitiva, lo mejor que ha hecho Albert Serra hasta el momento. La película se puede dividir en tres tipos de fragmentos de tiempo: escenas y momentos que cimientan la narrativa pero también le dan un fondo de recuerdo, planos contemplativos e introspectivos en los que el espectador desciende junto a su protagonista en la quietud del mar azul y el cielo ámbar, y las escenas de corte surrealista o voyeurista que dotan de misterio a la obra pero también muestra el lado más patético de sus personajes. De hecho, en este último punto he visto cierta conexión con David Lynch a pesar de que Albert Serra ha criticado varias veces el cine del director de Montana.
En cuanto a cuestiones técnicas, lo primero que se puede observar es la bellísima e impecable fotografía de Artur Tort, colaborador típico del director. Además de todos los tonos pastel que se pueden ver en la obra y la saturación de los colores (algo que se echa en falta en gran parte de las obras audiovisuales contemporáneas que parecen haber decidido que si algo es grisáceo es mejor), sabe como dominar las escenas nocturnas y que la noche abrace al espectador. Los planos generales son, simplemente, fantásticos. Por otro lado, la banda sonora se compone de un minimalismo ambient electrónico que sirve a la imagen sin absorberla.
El actor Benoît Magimel, encargado de dar vida a De Roller, está excepcional. Es capaz de transmitir las varias capas de un personaje completamente gris tanto en los momentos de expresión hablada como en los momentos de silencio contemplativo. Logra darle tics y características propias al personaje, lo convierte en una persona puramente real. También quiero destacar el papel de la actriz trans Pahoa Mahagafanau y el tratamiento que ha dado Albert Serra a su personaje. Esta se encarga de interpretar a Shannah, una trabajadora de los negocios de De Roller que acaba cobrando gran protagonismo y se convierte en la mano derecha del protagonista. Uno de los puntos por los que me ha gustado del empleo que ha dado Serra a la actriz es que el personaje de Shannah posee varias capas y no se limita a interpretar a una persona trans, dando peso así a las actrices trans para que puedan interpretar papeles variados y demostrar que valen igual que una persona cis. También citar que, dentro del filme, todos los personajes que se dirigen a Shannah lo hacen como ella, lo cual también es un gran punto.
Daniel H. Hompanera


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