Siempre me he declarado detractor de la obra de Christopher Nolan. No de una forma destructiva, sé valorar varios de los aspectos positivos que poseen sus películas, pero eso mismo hace que sea más crítico con él, porque si perdiese algo de ego y se codease con guionistas sería mucho mejor. Dicho esto, hablemos de la segunda parte del fenómeno Barbenheimer, Oppenheimer. El filme se centra en la vida del padre de la bomba atómica, Robert Oppenheimer, desde sus años de formación hasta las consecuencias posteriores del Proyecto Manhattan.
Nolan lo intenta, pero no sabe escribir un guion sólido sin caer en sus recurrentes subrayados y falta de profundidad en los personajes, especialmente si son femeninos. Aquí hay que comentar el hecho de que sí, Robert Oppenheimer sí logra ser un personaje interesante (también gracias a la brillante interpretación de Cillian Murphy) desde una primera parte del filme en el que se le muestra como esa mente brillante que revolucionó la física en Estados Unidos hasta la segunda parte donde se convierte en un decorado traumatizado que transita las diversas estancias y escenas. Pero, por otro lado tenemos personajes como el de Florence Pugh, que solo aparece para tener sexo con el protagonista en un par de ocasiones. El personaje de Kitty (Emily Blunt) es el mayor intento de Nolan de crear un personaje femenino profundo, pero se queda en intento (por mucho que Emily Blunt le ponga un gran empeño al personaje). Por otro lado, el otro gran problema que posee el guion de esta película es de carácter formal, pues es realmente notorio como Oppenheimer son dos películas unidas con pegamento. Y, a ver, ambas tienen componentes interesantes, pero la indagación del macartismo que hace Nolan en la segunda parte es superficial.
Por otro lado, otro de los grandes problemas es el montaje del filme. Por un lado está lo típico, el subrayado y sobresubrayado típico de Nolan con el montaje, pero obviando eso, la primera hora posee un montaje directamente horrible. Es como si se hubiese montado un tráiler sobre la juventud y sueños de Oppenheimer. Diría que lo que intentó lograr Nolan, fracasando estrepitosamente, es tener una reminiscencia al montaje de Terrence Malick.
Ahora bien, hay aspectos realmente positivos en Oppenheimer que la convierten en una de las mejores películas de Nolan (lo cual no es mucho, pero es algo). Sin duda hay imágenes en la obra que poseen gran fuerza, pero si algo brilla en Oppenheimer es la mezcla de sonido, especialmente en la escena más brillante (y esta vez sí es una gran escena) de la película: la prueba de la bomba atómica. En ella se emplea especialmente el silencio, un recurso que ojalá se emplease más en el filme en relación a otro de los peores aspectos de Oppenheimer: su banda sonora. Ludwig Göransson es el encargado de componer una banda sonora que solo sirve como un subrayador emocional y efectista de la película. Música que no posee mayor intencionalidad que la del efectismo barato. Se nota demasiado que Göransson no es Zimmer, y eso pesa en la obra.
En conclusión, Oppenheimer es una de las mejores películas de Nolan gracias a una exploración acertada de su protagonista junto a su capacidad visual y su mezcla de sonido, pero que posee los problemas comunes de cualquier obra de Nolan. El día que decida colaborar con un guionista (que no sea su hermano), Nolan podrá mejorar mucho, pero hoy no es el día. Entre Barbie y Oppenheimer me quedo con la cinta de Greta Gerwig.
Enlace a Letterboxd: Oppenheimer
Daniel H. Hompanera


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